
Hoy en Cuenca Finito de Córdoba ha estado sencillamente sublime, mostrando y demostrando ese toreo grande que tiene, que siente y que ejecuta. Marcando diferencias y dando una tarde para el recuerdo, por si la del pasado año ya caía en el olvido.
Para ello, ha contado con la colaboración de un lote de Torreherberos que, sin ser bueno del todo, al menos ha sido agradecido. El Fino los ha sabido ver, administrar y, sobre todo, torear, o mejor dicho, TOREAR.
En su primero, un excelente quite a la verónica rematado con una larga ha sido su carta de presentación. Con la franela han brotado series de enjundia por ambas manos, destacando sobre todo al natural, en una faena que ha calado en los tendidos por su hondura, calidad y clase. Faena de dos orejas que el mal uso de los aceros ha reducido a una fuerte ovación.
El broche de oro ha llegado en el cuarto, un toro al que nuevamente El Fino le ha hecho las cosas muy bien, en torero, en artista y en maestro, cuajándolo con capote y muleta. La faena, larga y sentida, ha vuelto a mostrar al Fino del toreo eterno, el de poner a todos de acuerdo, el de gustar y gustarse, el de romperse de arte para disfrute propio y ajeno.
Ha habido naturales enormes, despaciosos y largos, y un toreo en redondo cumbre, arrebatado, superior. La estocada, esta vez sí, ha sido certera y eficaz, y el doble trofeo ha ido a sus manos como premio a una labor y a una tarde de pura sinfonía torera, de puro aroma y sabor de Don Juan Serrano Pineda.
Gracias maestro. Enhorabuena de todo corazón.