
No se trata, ni mucho menos, de una afirmación vanidosa o engreída, entiéndanla desde la más modesta y humilde posición, pues aquella noche del viernes de dolores, 3 de abril, pude cumplir el sueño de recibir un “olé” sentido y sincero, como esos “olés” que yo soñaba de niño cuando de la mano de Marcelo y Antonio Quintero aprendía a manejar el capote y la muleta anhelando ser torero. No fue en una plaza, ni fue toreando, fue en la Peña “Curro Malena”, en mi pueblo, y pronunciando un pregón de Semana Santa, donde recibí ese “olé” soñado… ¿Puede haber lugar mejor?.
Por eso, sólo puedo tener palabras de cariño y agradecimiento a todos los que allí asistieron para hacerme sentir así, y desde aquí decirles que si por momentos mis palabras pudieron emocionar o hacerles pasar una agradable velada, esa es la mayor compensación que este pregonero puede tener para llevarla siempre a gala.