Después, tras presenciar el apuntillamiento del tercero -primero de Castella- nada más comenzar la faena, porque se echó para no levantarse más, el público perdió la paciencia y poquito estaba dispuesto a consentir, al menos a corto plazo. En estas salió el cuarto, bonito de hechuras y cortito de fuerzas. El Fino lo cuidó en los primeros tercios ante las protestas del público, pues parecía que se desplazaba con cierta clase. Ya en la muleta los primeros compases tuvieron sabor y calidad, así como varios redondos y naturales, largos y profundos. Fue una pena que la clase y buenas maneras que apuntaba el toro en su embestida fueran acompañabas de tanta sosería, y fue una pena también que los buenos momentos de la faena del maestro no calaran en la frialdad con la que los tendidos habían afrontado esta parte del festejo tras el descalabro ganadero en la primera mitad.
Al final, por las inmediaciones de la plaza, las caras lo decían todo. Pude encontrarme con varias personas conocidas que, como yo, acudían este año con la ilusión a tope a Sevilla. Queda mucho aún en el tintero y no hay que desesperar. La experiencia nos dice que pronto tendremos cumplida respuesta y recompensa.
Foto: Juan Carlos Muñoz