sábado, 10 de noviembre de 2007

EXCELSO, INFINITO, ETERNO, SUBLIME... (LUCENA, 07/07/07)

Un compromiso personal ineludible me impidió estar en el coso de Los Donceles la tarde en la que Juan Serrano reaparecía tras la cornada de Alicante y se conmemoraba el primer aniversario de la inauguración de la plaza. Dejando a un lado lo mucho que aún lo estoy lamentando, he podido contar con dos gratísimas aportaciones para poder exponer lo que fue aquella tarde de toreo inmenso, con el indulto del toro Liderado, de la ganadería de Torreherberos, y una dimensión artística y torera al alcance de muy pocos.

Como no pude verlo, decir que este post lo he titulado con palabras e impresiones de quienes si tuvieron la fortuna de estar allí, y se completa con la exposición en forma de crónica de Rafael Cobo y Fidel Arroyo, además de con las imágenes (ver montaje al final del post) captadas por la cámara de éste último: arte al servicio del arte.

Muchas gracias a los dos.

Finito destierra incertidumbres con una faena para la historia.

Mágica fecha la de los tres sietes para la tauromaquia moderna. Mágica fecha para Lucena y su flamante plaza, y mágica fecha la del pasado sábado 7 del 7 de 2007 para los aficionados que tuvieron la enorme suerte de presenciar la faena que Finito de Córdoba instrumentó al cuarto de la tarde. Sublimes, magistrales, casi indescriptibles esos pases con la muleta en los que el duende del toreo hizo acto de presencia en el albero de Los Donceles para deleite de los allí congregados. Júbilo en los tendidos, alegría desbordada para el ganadero y una sensación en el ambiente de haber asistido a la ejecución de una verdadera obra de arte, con la que el maestro de El Arrecife, ha enterrado muchas de las incertidumbres que aparecieron tras su cornada de Alicante.

Mucha era por tanto la expectación que había levantado el cartel, ya que suponía el regreso de Finito tras su percance, acompañado por dos verdaderos ‘gallos de pelea’, Sebastián Castella y Alejandro Talavante. El morbo, por tanto, estaba servido.

Pero desde el saludo capotero al primero de la tarde, con una serie de preciosas verónicas, las dudas comenzaron a disiparse, barruntándose en la predisposición que Finito mostraba en cada lance de la lidia, algo especial como así ocurrió en el cuarto de la tarde, con el que se lució desde salida con unas plásticas verónicas rematadas con una primorosa y pinturera media, a las que siguieron un quite por delantales y un remate con medio capote que calentó motores para lo que venía después.

¡Menudos diecinueve minutos desde ese trasteo genuflexo hasta que llevó al toro a la misma puerta de toriles, para que éste, con la vida perdonada, iniciara su etapa de semental, si así lo estima el ganadero!. Toreo rotundo, con media muleta arrastrada y larguísimos muletazos, algunos a cámara lenta, en series cortas, cuatro pases a lo sumo, y el de pecho, hasta el rabo del animal, que comenzó a dar muestras de su nobleza, embistiendo con fijeza, abajo y largo, protestando, eso sí, cuando el hombre cambió al pitón izquierdo.

Tras la prueba, vuelta a la derecha, con un Finito ya casi en trance, barbilla hundida en el pecho, clavando las zapatillas en el albero y abriendo los muletazos, dando al toro unos segundos precisos para que se oxigenara y volviera a la muleta una y otra vez, humillando hasta el final. El delirio en los tendidos, que poco a poco comenzaron a poblarse de pañuelos solicitando el indulto.

Y el maestro a lo suyo, relajado, entregado y disfrutando. La inspiración necesaria para crear toda obra de arte que se precie había llegado y era necesario aprovecharla, aunque cayeran los dos avisos. La simbiosis entre hombre y animal fue perfecta, exquisita, toreo con mayúsculas, el de verdad, ese que persiguen los aficionados durante toda una vida, de plaza en plaza, y que desgraciadamente sólo brota en contadas ocasiones.

Por eso, ante una demostración de tales características, la plaza, puesta en pie, solicitó mayoritariamente el indulto de ‘Liderado’, que si bien salió suelto del caballo, protestó por el pitón izquierdo y acabó rajado y buscando las tablas, tuvo un pitón derecho de verdadero lujo, por el que embistió con fijeza y transmisión. Indulto, por tanto, que podría ser cuestionable, pero que el sábado fue eclipsado por una faena que pasará a la historia del toreo, por obra y gracia de Finito de Córdoba. ¡Menos mal que venía de una cornada!.

Menuda tarde-noche y menudo aniversario para Los Donceles, que pese a su corta historia, ya ha escrito una de las más brillantes y preciosas páginas de la historia de la tauromaquia, en la que se recordará para siempre la faena de un maestro, de un verdadero califa, el sexto. Las dudas, para el que las tuviera, quedaron despejadas, y el toreo, volvió a recuperar su estatus de arte gracias a Juan Serrano.

No fue un sueño, como comentaba un aficionado a la salida de la plaza, aunque algunos tuvieron que pellizcarse para comprobar que, efectivamente, lo que habían presenciado, había sido realidad.

Rafael Cobo.

El toreo inFINITO.

Se supone que el infinito es algo inalcanzable, imposible de conseguir, imposible de llegar a tocarlo con los dedos, ni casi de sentirlo con el alma, hoy en Lucena vimos o creemos haber visto, lo que puede ser el toreo infinito, es imposible torera más y mejor, a lo mejor hay alguien por ahí que hace un toreo más pinturero, o más de valor, pero torear mejor que hoy ha toreado Finito en Lucena es imposible.

No se puede torear de capa mejor que lo hizo Juan al cuarto de la tarde, un saludo de época, con unas verónicas excelsas y un quite por delantales con dos y una media de auténtico escándalo. Aunque todo es poco comparado con la faena de muleta que nos brindó, hablamos de faena cuando podemos decir faenas, en plural, porque fueron tres o cuatro faenas seguidas, más de ciento cincuenta muletazos, a cual serie mejor, primero enseñando al toro a embestir y después exprimiéndolo literalmente. Fue el de Torreherberos un toro bravo, con codicia, queriéndose comer la muleta, un toro con mucha transmisión que tuvo la suerte de encontrarse con el mejor Finito, con un torero enfibrado que puso literalmente la plaza boca abajo. Los derechazos fueron increíbles, muletazos eternos, de coger al toro muy adelante y llevarlo hasta donde más atrás era imposible. Los de pecho, de pitón a rabo, trincherillas, toreo al natural a pies juntos de frente, vamos, un curso intensivo del mejor toreo, una enciclopedia del toreo fundamental resumido en una faena. Increíble, excelso, emocionante a más no poder, el toreo inFinito.

Fidel Arroyo.