... Se encontró con el aroma torero de un artista que nacía, que maceraba la hondura, el sentimiento y la pureza para ser paladeadas en forma de tauromaquia suprema y de vigencia indefinida. Y descubrió que de pronto el tiempo devolvía el sabor de un recuerdo que empezaba a ser lejano, y se alimentó de un presente ilusionante y de un futuro soñado.


No fue sueño, ni tampoco una utopía. Hoy el tiempo viene a darnos, como siempre, su sabia lección de imborrable realidad. Y hoy es un gusto comprobar como tanto los más jóvenes de entonces, entre los que me incluyo, que respiramos afición a bocanadas de aquel tiempo de despertar, como aquellos menos jóvenes que reencontraron la grandeza del toreo, seguimos ilusionados y soñadores. Aferrados al deseo y a la emoción de esta o aquella tarde, de lo que debe venir, de lo que queda por pasar.
Hoy, a buen seguro que los que aparecen el estas fotos, unos ya con menos pelo o con más canas, siguen esperando algo pendiente, siguen aguardando algún sueño taurino que cumplir, pues cada cual tendrá su preferencia, pero todos una misma referencia: Un torero grande, un artista sublime, un maestro al que la historia dará su lugar y pondrá en un sitio preferente. Un Califa, que lo será sin duda alguna, a mi hace tiempo que se me disiparon todas.
Aquí y hoy se juntan ese ayer de deseos con este presente de verdad, y con ese futuro que ojalá se extienda lo máximo posible, para disfrute de todos. Para mí sigue siendo un orgullo pertenecer a una gran legión de partidarios incansables, pues somos muchos, pese a quien pese. Y digo yo que por algo será.

Nota: Pinchando sobre cada recorte se puede ver mejor.