
Dicho y hecho. Apenas tres semanas después aquí está el resultado, para mí auténticamente cumbre.
Es lo que tiene el arte. Aquella faena, allá por mayo en el Coso de Los Califas, simbolizada por este natural del Fino, efímero como es el arte, pero que Fidel Arroyo materializó en eterno inmortalizándolo a través de su objetivo, lo es hoy aun más con este óleo a través del cual, Remy J. López funde tauromaquia y pintura demostrando una vez más que el toreo, además de creación, es siempre inspiración en su estado más puro.
¡Grande, Fidel!, ¡Grande, Remy!, ¡Grande, Fino!. De arte... siempre de arte.