
Hoy, ninguno de los dos ejemplares de Hnos. Sampedro se ha prestado para el triunfo, y tan sólo el primero ha dado alguna opción para que el maestro dibuje muletazos lentos y templados aunque, dada la sosería y falta de fuerzas del animal, la faena no ha podido llegar a cotas demasiado altas, siendo aplaudido tras su actuación. Con el segundo de su lote, parado y descastado, simplemente no ha habido opción para expresarse. Una pena.
